

En un aula llena de curiosidad y emoción cautelosa, el profesor Vahe Peroomian de USC Dornsife cautiva a sus estudiantes con una demostración audaz. El profesor, de voz suave, ha hecho tradición ilustrar lecciones de física usando métodos llamativos y arriesgados. En esta ocasión, se acuesta con confianza sobre una cama de clavos puntiagudos. Con los ojos fijos en Peroomian, los estudiantes observan con suspenso mientras otra tabla con pinchos se coloca sobre su pecho, lista para soportar el peso de un bloque sólido de cemento. A medida que crece la anticipación, los estudiantes contienen la respiración, con sus teléfonos listos para capturar cada momento. Un asistente, empuñando un martillo, se acerca y desata un golpe poderoso, rompiendo el bloque en pedazos. La sala estalla con exclamaciones y aplausos mientras Peroomian emerge ileso, poniéndose en pie con una sonrisa triunfante. "La física puede ser divertida", asegura. Por más de veinte años, Peroomian ha utilizado este espectáculo como piedra angular de sus lecciones en Física 151: Mecánica y Termodinámica. La demostración de la cama de clavos ilustra efectivamente los principios de presión e inercia, conceptos clave en su plan de estudios para aspirantes a científicos e ingenieros. Al distribuir su peso a través de numerosos clavos, ningún punto único soporta suficiente presión como para perforar su piel, mientras que la inercia del bloque sólido absorbe efectivamente la fuerza del martillo, protegiéndolo del daño. "La presión de enseñar no es tan abrumadora como el peso del bloque de cemento", bromea. Este método de enseñanza cautivador deja una huella imborrable en los estudiantes, animándolos a entender teorías complejas mediante la aplicación práctica. Aunque muchos no recuerden cada fórmula, nunca olvidarán el día en que su profesor de física se puso sobre una cama de clavos, convirtiendo la física teórica en realidad.