

El cardenal Timothy Dolan, cuyo mandato como arzobispo de Nueva York se extendió durante 17 años, ha renunciado a su cargo con la aceptación del Papa León XIV. Conocido por su cálida presencia, el cardenal Dolan fue más que una figura religiosa para la gente de Nueva York; era un rostro familiar que se tomaba el tiempo para relacionarse con la comunidad en cada paseo por las calles de la ciudad. Su naturaleza accesible ocultaba un intelecto agudo, evidenciado por la abundancia de libros que llenaban su sala de estar y las discusiones reflexivas durante las comidas. Más allá de sus intereses intelectuales, el cardenal Dolan demostró una feroz lealtad a sus amigos y constituyentes, destacándose al lado del líder de la Iglesia Católica Griega Ucraniana, el mayor arzobispo Sviatoslav Shevchuk, en momentos difíciles. Su defensa de los marginados se destacó aún más con sus acciones en apoyo del prisionero de conciencia de Hong Kong, Jimmy Lai, como lo demuestra el santuario que estableció en la Catedral de San Patricio. Aunque su carrera ha estado marcada por numerosos hitos dentro de la Iglesia Católica en Estados Unidos, incluyendo un papel significativo en la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos, el corazón del cardenal Dolan sigue siendo el de un sacerdote parroquial. Su cuidado y atención por el bienestar de sus feligreses fueron evidentes durante sus visitas por toda la arquidiócesis. A pesar de su renuncia como arzobispo, la vitalidad y pasión del cardenal Dolan por su trabajo indican que su influencia continuará resonando dentro de la Iglesia tanto en Estados Unidos como en otros lugares, particularmente en Roma. Sus contribuciones multifacéticas a la Iglesia, desde el liderazgo hasta el discurso intelectual, y su continua defensa de las libertades religiosas aseguran que su legado perdure.