

En un giro inesperado de los acontecimientos, Jeson Nelon Presilla Flores, de 42 años, sospechoso en uno de los mayores robos de joyas en la historia de Estados Unidos, ha evadido el juicio al autopararse en Ecuador. Acusado de un robo de $100 millones que involucraba diamantes, esmeraldas y relojes de diseñador, Flores se enfrentaba a hasta 15 años en una prisión federal. A pesar de ser un residente permanente legal, fue trasladado a la custodia de la Oficina de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) de EE. UU. y optó por la salida voluntaria. Los oficiales de inmigración aprobaron este movimiento sin notificar a los fiscales federales, dejando a las víctimas y a los representantes legales frustrados. El caso pone de relieve una rara intersección de procedimientos de inmigración y penales, con fiscales federales y abogados defensores disputando las implicaciones. Los fiscales sostienen que la deportación ocurrió de manera independiente a los cargos penales en curso, lo que potencialmente ayudó a Flores al evitar una condena y sentencia a menos que regrese a los Estados Unidos. El incidente ha generado controversia, llamando la atención sobre las brechas procedimentales entre la autoridad de inmigración y las acusaciones penales. Voces críticas, incluidos exfiscales federales, argumentan que tales resultados socavan el sistema de justicia, particularmente en casos de alto perfil que involucran pérdidas monetarias significativas.