

El año 2025 marcó un momento crucial en el debate global sobre el suicidio asistido por médicos, ya que cuerpos legislativos de varios estados y países navegaron por terrenos éticos complejos para expandir la práctica. Este tema divisivo vio avances progresistas en múltiples jurisdicciones a pesar de una considerable oposición por parte de grupos de defensa y organizaciones religiosas. En los Estados Unidos, el estado de Delaware vio al gobernador Matt Meyer autorizar un proyecto de ley que estipula la legalización del suicidio asistido por médicos para adultos con un pronóstico terminal de seis meses o menos. Como esta ley está programada para entrar en vigor al inicio de 2026, ya han surgido desafíos legales, con grupos de defensa argumentando que la medida discrimina a las personas con discapacidades. Simultáneamente, Illinois se unió a las filas de estados que ofrecen el suicidio asistido por médicos, formalizado a través de la firma de un proyecto de ley polémico por parte del gobernador JB Pritzker en diciembre. Esta legislación, que permite a los pacientes terminales recibir medicación para poner fin a la vida, atrajo críticas vehementes de la Conferencia Católica de Illinois, que expresó preocupaciones sobre la atención inadecuada que lleva a individuos vulnerables a tomar decisiones tan irrevocables. Los movimientos internacionales en 2025 vieron desarrollos similares, con Nueva York aprobando la 'Ley de Ayuda Médica para Morir' en medio de fuertes objeciones de líderes católicos. Mientras tanto, en Europa, el Reino Unido avanzó en la legislación sobre el suicidio asistido, a la espera de más aprobaciones de la Cámara de los Lores, mientras que Uruguay promulgó la 'Ley de Muerte Digna,' permitiendo la eutanasia para pacientes terminales. Las discusiones no han estado exentas de controversia, como lo ilustra el informe de Cardus Health que analiza la experiencia de Canadá con la asistencia médica legalizada para morir desde 2012. El informe enciende las alarmas sobre el número desproporcionado de personas discapacitadas que eligen morir asistidas, destacando problemas sistémicos dentro de las salvaguardas inicialmente prometidas. En medio de estas acciones legislativas, el diálogo global continúa enfrentando dilemas éticos profundos, desafiando a las sociedades en todo el mundo a reconciliar los avances en la autonomía personal con la protección de las poblaciones vulnerables.