

Dolly Parton siempre sintió una conexión profunda con Elvis Presley, a quien describió como 'pariente,' a pesar de nunca haberlo conocido. En una entrevista de Playboy Magazine en 1978, Parton explicó que esta conexión surgía de sus experiencias compartidas y su fe religiosa. Aunque nunca se cruzaron en persona, Parton sintió un vínculo inexplicable con el Rey del Rock and Roll. A menudo evitaba oportunidades para conocerlo, sintiendo una relación más profunda en espíritu. 'Siempre sentí que éramos parientes en alma. Él era amoroso, emocional y humilde,' reflexionó, reconociendo en él un similar asombro y gratitud hacia el éxito. Parte esencial de su conexión era una dedicación mutua a su fe. Tanto Parton como Presley eran devotos cristianos que creían en usar sus talentos para servir propósitos mayores. Parton recordó cómo un anciano de la iglesia una vez le dijo que estaba 'ungida.' Inicialmente lo entendió mal, pensando que era un acto físico, pero su madre le aclaró, diciendo que significaba que había sido elegida por Dios para algo especial. Elvis compartía esta profunda devoción espiritual, recurriendo a Dios para obtener fuerza, como reveló su hermanastro, Billy Stanley. Elvis también expresaba gratitud por sus dones y buscaba guía divina a través de la oración y el estudio de la Biblia. Aunque el ascenso de Parton a la fama a finales de los años 60 y principios de los 70 no coincidió con momentos para conocer a Elvis personalmente, sus trayectorias espirituales eran paralelas. Ambos lanzaron canciones emotivas como 'Cuán Grande Es Él,' celebrando su fe—Elvis con su versión ganadora del Grammy en 1967, y Parton en su álbum de 1971, 'Golden Streets of Glory.' En esencia, su parentesco era más que cualquier encuentro; era un vínculo arraigado en valores compartidos y un llamado a elevar a través de la música, dejando un legado de arte impregnado de fe.