

Ljubisa Karović, un empresario serbio de 61 años, experimentó una experiencia que amenazó su vida cuando una ventana se rompió en su vuelo de Ryanair de Tesalónica, Grecia, a Memmingen, Alemania. El incidente ocurrió el 10 de julio, cuando escombros probablemente provenientes de un motor defectuoso dañaron el fuselaje del avión, lo que provocó una despresurización súbita de la cabina. A medida que el caos se desataba, Karović fue parcialmente expulsado del avión, solo salvado por las rápidas y valientes acciones de otros pasajeros, incluida su esposa. Con el vuelo forzado a hacer un regreso de emergencia a Tesalónica, Ryanair ha sugerido desde entonces que la ventana rota puede ser el resultado de 'daños por objeto extraño', aunque la causa definitiva sigue bajo investigación. A pesar de la afirmación de Karović de que fue arrastrado al 'caos' por el ruido que precedió a la catástrofe, Ryanair sostiene que la tripulación actuó de acuerdo con los protocolos de seguridad. La aerolínea insiste en que sus acciones inmediatas y la adhesión a las medidas de seguridad siguieron los procedimientos correctos, involucrando el despliegue de máscaras de oxígeno y manteniendo la comodidad de los pasajeros durante el descenso rápido. Sobrevivir a la experiencia requirió un esfuerzo coordinado de los pasajeros, especialmente un hombre albanés que ayudó a asegurar a Karović de nuevo dentro, utilizando finalmente una maleta para cubrir la ventana rota. Su esposa, Svetlana, detalló cómo su intervención, junto con la de otros, fue crucial para prevenir una tragedia mayor, sin la asistencia de la tripulación en el momento crítico. Karović describe toda la experiencia como surrealista, luchando con la inconsciencia y el peligro inmediato a una altitud superior a los 15,000 pies, donde la aeronave descendió rápidamente para quemar combustible antes de regresar. Después del incidente, Karović está recibiendo tratamiento por múltiples lesiones, incluidas heridas en el cuello y el hombro, y quemaduras, un recordatorio claro del peligro del que escapó por poco. Su recuperación podría ser prolongada, posiblemente necesitando cirugía después de un régimen en curso de seis semanas con un collarín. Resaltando su supervivencia como una intervención divina, reconoce que el azar, la fe y la resiliencia humana estuvieron entrelazados en ese momento dramático en el cielo. Este evento angustiante agrega complejidad a la narrativa de seguridad de Ryanair, subrayando el rol indispensable de los pasajeros en escenarios de emergencia, e incitando debates sobre la adhesión a los protocolos por parte de las tripulaciones de aerolíneas durante tales crisis. Mientras las investigaciones en curso por parte de las autoridades de EE. UU. y Grecia continúan desentrañando las fallas mecánicas que contribuyeron a este casi desastre, la vida de Karović momentáneamente bailó al borde entre la vida y la muerte, imbuyendo una nueva dimensión a la resiliencia cotidiana.