

En un movimiento estratégico que ha generado controversia en todo el Pacífico, China realizó el lunes un lanzamiento de prueba estratégica de un misil balístico de largo alcance desde uno de sus submarinos de propulsión nuclear, aumentando las preocupaciones sobre la dinámica de seguridad regional. La prueba, ejecutada en el Pacífico Sur, vio el lanzamiento de una ojiva simulada, provocando una serie de protestas de las naciones vecinas preocupadas por la estabilidad y seguridad. Los canales oficiales lo describieron como un ejercicio de entrenamiento rutinario conforme a las normas internacionales, un sentimiento transmitido por la Agencia de Noticias Xinhua y repetido por el Ministerio de Defensa de China. El lanzamiento sigue el precedente de pruebas periódicas de China, reminiscentes de prácticas de superpotencias como Estados Unidos, aunque fue el primero en el Pacífico en dos años desde que se probó un misil intercontinental (ICBM) en 2022. El movimiento mostró la postura estratégica de China y sus crecientes capacidades militares, alineándose con su objetivo más amplio de modernizar el Ejército Popular de Liberación. Australia, Nueva Zelanda y Japón expresaron un desacuerdo significativo, particularmente debido a la trayectoria del lanzamiento a través de la Zona Libre de Armas Nucleares del Pacífico Sur delineada por el Tratado de Rarotonga. Notablemente, China, signataria de los protocolos del tratado desde 1987, había asegurado la ausencia de pruebas o amenazas nucleares en la región. El momento del lanzamiento del misil coincidió con la firma de una nueva alianza de defensa Australia-Fiyi diseñada para fortalecer la seguridad regional contra la creciente influencia china, subrayando la tensa atmósfera geopolítica. La ministra de Relaciones Exteriores de Australia, Penny Wong, calificó el ejercicio como un factor desestabilizador, mientras que Nueva Zelanda destacó el conflicto del lanzamiento con las garantías de paz regional de larga data, según el ministro de Relaciones Exteriores Winston Peters. El evento también provocó una fuerte respuesta de Japón, que instó a la moderación para evitar comprometer su seguridad nacional, lo que fue destacado aún más por el inmediato acercamiento diplomático de Tokio tras la notificación de Pekín. Mientras tanto, China mantuvo su postura, apelando a la moderación en la sobreinterpretación por parte de los observadores internacionales, desestimando las críticas. La continua búsqueda de Beijing de la tecnología nuclear, destacada por su compromiso con una política nuclear de 'no primer uso', encaja con evaluaciones de inteligencia que pronostican un aumento significativo de sus capacidades nucleares para finales de la década. El informe del Pentágono de 2025 al Congreso sobre la expansión militar de China destaca una trayectoria hacia un aumento considerable de su arsenal de ojivas nucleares, apuntando a más de 1,000 para 2030, lo que complica aún más el equilibrio estratégico global de poder y eleva la importancia de los compromisos diplomáticos para mitigar las crecientes tensiones.